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El ajo fresco es adecuado para todo tipo de preparaciones. Cada vez es más frecuente encontrarlo en los mercados semanales y supermercados, junto a los dientes de ajo secos. A continuación le ofrecemos algunos consejos para su uso.
La preparación del ajo fresco
El ajo realza muchos platos y, además, es muy saludable. Se puede adquirir seco, en polvo o en dientes. Cada vez es más frecuente encontrar ajo recién cosechado.
- La parte verde del ajo fresco, conocida como «tallo», se puede picar finamente y disfrutar sobre una tostada con mantequilla. Pero también aporta un toque fresco y suave de ajo a las ensaladas o a las verduras salteadas.
- El diente de ajo fresco es más suave que la variante seca. Por eso se puede utilizar sobre todo en aquellos platos en los que se desea el sabor del ajo, pero sin que sea demasiado intenso.
- El ajo es imprescindible sobre todo en la cocina mediterránea. Al igual que la cebolla, el diente de ajo fresco se pela y luego se corta. Con ajo fresco también se puede preparar un alioli especialmente suave.
La diferencia entre el ajo fresco y el seco
El término «ajo fresco» puede resultar un poco confuso. Porque los dientes del ajo seco tampoco están realmente secos, sino jugosos y frescos. Le explicamos la diferencia.
- El llamado ajo fresco es ajo joven cuyos dientes aún no han madurado completamente. Por eso, la planta aún no ha desarrollado todo su aroma y su sabor es más suave. Sin embargo, no se puede almacenar y, por lo tanto, debe consumirse rápidamente.
- El ajo fresco se suele vender con parte del tallo verde. Su aspecto se asemeja más al de una cebolleta o un puerro joven. También se puede utilizar de forma similar a estos. Al comprarlo, asegúrese de que la parte verde tenga un color intenso y esté jugosa.
- El ajo seco es ajo almacenado. Para que el ajo se pueda almacenar, debe estar completamente maduro. De este modo, su sabor y olor son más intensos. Este ajo también tiene las típicas pieles parecidas al pergamino sobre los dientes.
