¿Cómo funciona la inteligencia artificial? Explicado de forma sencilla

by Corinna

Hoy en día, la inteligencia artificial (IA) está presente en todas partes, pero ¿cómo funciona esta tecnología? Sus funciones son cada vez más versátiles, por lo que resulta aún más importante comprender su funcionamiento.

Inteligencia artificial: cómo funciona

  • El objetivo del desarrollo de la inteligencia artificial, o IA, es programar las máquinas de tal forma que puedan trabajar de forma autónoma y resolver tareas por sí mismas. Esto pretende facilitar a las personas no solo la vida cotidiana, sino también el manejo de la tecnología moderna.
  • En principio, la IA funciona como nuestro cerebro. Las denominadas «redes neuronales artificiales» sirven para la captación y el procesamiento de información, así como para la resolución de problemas.
  • En primer lugar, una IA recibe «entrada» del exterior. Es decir, por ejemplo, cuando realizas una búsqueda en Google a través de tu smartphone. El asistente de voz procesa tu pregunta y llega a un resultado, la «salida». Lo recibes en forma de respuesta y de una lista de páginas web relacionadas con el tema.
  • En nuestro ejemplo, incluso colaboran dos tipos de inteligencia: por un lado, el asistente de voz y, por otro, un motor de búsqueda.
  • Los sistemas de procesamiento de la información se componen de algoritmos. Se trata de un conjunto de reglas en lenguaje informático que, en última instancia, resuelven un problema.
  • La mayoría de los sistemas modernos de IA funcionan con algoritmos y datos. Esto significa que, por un lado, recopilan grandes cantidades de datos de ejemplo e intentan identificar patrones a partir de ellos. La IA se «entrena» con estos datos y aprende a reconocer patrones y relaciones. Tras el entrenamiento, puede resolver nuevas tareas, como escribir textos, reconocer imágenes u ofrecer recomendaciones.
  • Un método conocido en este ámbito es el aprendizaje automático (Machine Learning). En este caso, la IA mejora de forma autónoma cuanto más datos recibe.

Otro ejemplo de IA: la conducción autónoma

Hoy en día, la inteligencia artificial se encuentra en robots aspiradores y cortacésped, ayuda en operaciones quirúrgicas y nos muestra anuncios personalizados. A los conductores seguramente también les suena el término «conducción autónoma».

  • La conducción autónoma forma parte de la inteligencia artificial. Básicamente, «autónomo» significa que los vehículos funcionan de forma independiente y automatizada, en la medida de lo posible sin ayuda humana.
  • Los vehículos de este tipo se clasifican en niveles de autonomía. Según el nivel, aumenta el grado de autonomía del coche, siendo el nivel 5 el más alto de todos.
  • Los vehículos de nivel 5 no tienen ni pedales ni volante. No necesitan asistencia humana. Los sistemas de los niveles 3 y 4 pueden solicitar al conductor que asuma el control. Estos vehículos pueden acelerar, frenar e incluso girar por sí mismos durante un tiempo determinado.
  • Los coches de los niveles de autonomía 0 a 2 son conducidos por personas y solo les prestan asistencia durante la conducción. Un ejemplo de ello sería el control de crucero o el asistente de mantenimiento de carril.
  • Para que los coches autónomos puedan circular de forma autónoma, se necesita todo tipo de tecnología inteligente.

    El sistema GPS, las cámaras de vídeo, los sensores de radar y los sensores Lidar deben ser capaces de hacer frente a situaciones difíciles trabajando en equipo y, al mismo tiempo, funcionar de forma fiable y precisa.

  • El sistema GPS se encarga de que el vehículo conozca en todo momento su ubicación exacta. Las cámaras proporcionan al sistema imágenes del entorno. En ellas se ven las señales de tráfico y el resto de usuarios de la vía pública.
  • Entre los sensores de radar se incluyen, entre otros, los pitidos de las ayudas al aparcamiento. Miden la distancia entre el vehículo y otros objetos.
  • Los sensores Lidar se encuentran en el techo y miden, con ayuda de rayos láser, la distancia a un obstáculo situado delante del vehículo. Pueden medir distancias de hasta 200 metros, tanto de día como de noche. Sus rayos láser no son visibles para el ojo humano.

    Otros ámbitos de aplicación de la IA

    En nuestra vida cotidiana nos encontramos con la IA con más frecuencia de lo que muchos creen. Y en el futuro estará presente en aún más ámbitos de la vida. Además de los ámbitos de aplicación ya mencionados, hay otros ejemplos en los que la IA ya es una parte integral:

    • Sistemas de recomendación: en plataformas como Netflix, Spotify o Amazon se analiza tu comportamiento: ¿qué películas ves? ¿Qué canciones escuchas con frecuencia? A partir de estos datos, la IA elabora recomendaciones personalizadas que se ajustan exactamente a tus gustos. 
    • Reconocimiento de imágenes y rostros: la IA puede reconocer rostros en fotografías, distinguir objetos o incluso encargarse de controles de seguridad. Esto ocurre, por ejemplo, al desbloquear un smartphone o en los controles de seguridad de los aeropuertos. En las redes sociales también se utiliza el análisis de imágenes, por ejemplo, para sugerencias automáticas de etiquetado.
    • Chatbots y asistentes de voz: Un clásico del mundo de la IA son los asistentes virtuales como Siri, Alexa o ChatGPT. Intentan comprender el lenguaje humano y ofrecer respuestas adecuadas. 
    • Diagnósticos médicos: En medicina, la IA ayuda a detectar enfermedades en una fase temprana. Por ejemplo, mediante el análisis de radiografías o análisis de sangre. En la investigación, la IA ayuda a evaluar grandes volúmenes de datos.

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