El dolor articular puede deberse a diversos factores, desde el desgaste hasta la inflamación o incluso enfermedades graves, por lo que debe tomarse en serio. Esta guía explica las señales de alerta, las situaciones de urgencia y las opciones de tratamiento.
¿Qué es el dolor articular?
Junto con los huesos, los músculos, las fascias y muchas otras estructuras tisulares, las articulaciones forman el sistema musculoesquelético. Este es fundamental para la movilidad del cuerpo, así como para su estabilidad. Según datos de la Sociedad Alemana del Dolor , el sistema musculoesquelético es uno de los orígenes más frecuentes tanto del dolor agudo como del crónico, que a menudo se debe a enfermedades de las articulaciones.
En el caso del dolor articular, se distingue básicamente entre artralgia y artritis &n Mientras que en la artralgia solo se produce dolor, la artritis —es decir, una inflamación de la articulación— suele ir acompañada de otros síntomas. Entre ellos se encuentran, en particular, la hinchazón debida a la acumulación de líquido en la articulación, un aumento de la temperatura local y, en ocasiones, enrojecimiento de la piel sobrejacente. Las molestias pueden estar relacionadas con el movimiento o persistir en reposo. Además, el número de articulaciones afectadas proporciona importantes pistas diagnósticas: así, se distingue entre molestias monoarticulares (que afectan a una sola articulación) y poliarticulares (que afectan a varias articulaciones), lo que permite deducir las causas subyacentes.
Las causas más frecuentes del dolor articular
El dolor articular suele deberse a procesos de desgaste o a enfermedades inflamatorias. Sin embargo, también existen otros factores desencadenantes que pueden variar en función de la edad, el estilo de vida y los antecedentes médicos. Resumen de las causas más importantes:
Desgaste y artrosis
El desgaste articular es la causa más frecuente de dolor articular, especialmente en personas mayores. Se trata de una enfermedad degenerativa y no inflamatoria en la que el cartílago articular se va deteriorando progresivamente. En las primeras etapas, el dolor se presenta sobre todo al realizar esfuerzos; más adelante, puede aparecer también en reposo o de forma permanente, por ejemplo, por la noche. También son típicos los síntomas acompañantes como rigidez, movilidad limitada o ruidos articulares (crujidos o roces).
Enfermedades inflamatorias crónicas
Entre ellas se incluyen enfermedades reumáticas inflamatorias como la artritis reumatoide. En este caso, el sistema inmunitario ataca al tejido del propio cuerpo, lo que provoca una destrucción progresiva de las articulaciones y un dolor persistente.
Lesiones, sobrecarga y carga incorrecta
El dolor articular agudo en una sola articulación suele deberse a distensiones, esguinces o contusiones. Estos pueden producirse, por ejemplo, al realizar movimientos bruscos, sufrir caídas o practicar deporte. Las personas más afectadas son las jóvenes o las que realizan una actividad física intensa, cuyas articulaciones se someten a un mayor esfuerzo en la vida cotidiana o durante el entrenamiento. Pero también las cargas incorrectas en el trabajo o en la vida cotidiana, por ejemplo, debido a movimientos monótonos, una postura incorrecta al levantar peso o estar de pie durante mucho tiempo, pueden sobrecargar las articulaciones y causar dolor. Estas molestias suelen aparecer de forma repentina, son localizadas y a menudo se alivian con reposo, frío o fisioterapia específica. Sin embargo, si el dolor persiste o es especialmente intenso, es imprescindible consultar a un médico para descartar lesiones graves.
Infecciones y enfermedades infecciosas
Si las bacterias llegan a una articulación a través del torrente sanguíneo o por lesiones, puede desarrollarse la denominada artritis infecciosa. Se trata de una urgencia médica, ya que la articulación puede dañarse rápidamente. Las infecciones víricas, como la gripe, el coronavirus o enfermedades transmitidas por viajes, como la fiebre chikungunya, también pueden causar dolor articular. Además, las infecciones bacterianas del intestino y las vías urinarias son posibles desencadenantes. Como consecuencia, puede desarrollarse una artritis reactiva, en la que los síntomas (por lo general en articulaciones de las piernas, como la rodilla) aparecen con retraso y, en algunos casos, se desplazan de una articulación a otra.
Menopausia
Los cambios hormonales durante la menopausia pueden favorecer el dolor articular en las mujeres. Se sospecha que, en particular, la disminución de los niveles de estrógeno reduce el efecto protector sobre las articulaciones e influye en el equilibrio hídrico. Sin embargo, esta hipótesis no está científicamente demostrada de forma concluyente, tal y como informa la Orthopädische Gelenk-Klinik
Otras causas
En los niños, la artritis idiopática juvenil puede provocar dolor articular. Otros factores desencadenantes son, además, enfermedades metabólicas como la gota, los medicamentos, los trastornos de la coagulación sanguínea y el síndrome de fibromialgia.
Síntomas del dolor articular: ¿cuándo acudir al médico, cuándo es una urgencia?
Molestias típicas del dolor articular
El dolor articular puede manifestarse de formas muy diversas. Las personas afectadas describen, entre otras cosas, molestias ardientes o punzantes, pero también sensaciones de dolor punzante o sordo. En la clasificación médica, el momento de aparición también desempeña un papel importante:
- Dolor matutino: suele aparecer por la mañana al levantarse o tras largos periodos de reposo
- Dolor por esfuerzo: se nota sobre todo al moverse o realizar esfuerzos
- Dolor en reposo: se produce principalmente en reposo, a menudo por la noche
Por regla general: Los dolores articulares persistentes o recurrentes deben ser evaluados por un médico, especialmente si aumentan o limitan su movilidad.
Señales de alerta: ¿Cuándo debe consultar a un médico?
No todos los dolores articulares son una urgencia, pero hay síntomas que requieren acudir al médico sin demora. Entre ellos se incluyen, por ejemplo:
- Dolores articulares que persisten durante días o que se repiten
- Rigidez creciente o movilidad limitada
- hinchazones repetidas en una o varias articulaciones
- dolor que afecta significativamente a su vida cotidiana
En estos casos, es recomendable realizar un examen médico para determinar la causa e iniciar el tratamiento adecuado.
Signos de urgencia: cuándo se necesita asistencia médica inmediata
Ciertos síntomas relacionados con el dolor articular pueden indicar una enfermedad grave o que requiere tratamiento urgente . Acuda inmediatamente al médico (servicio de urgencias/sala de urgencias) si, además del dolor articular, presenta uno o varios de los siguientes síntomas:
- dolor repentino, muy intenso en una o varias articulaciones
- marcada hinchazón, enrojecimiento y aumento de la temperatura en una articulación
- movilidad claramente limitada de la articulación afectada
- fiebre, escalofríos, pérdida de peso involuntaria o sudoración intensa
- marcado malestar general
- dolor en la zona torácica
- dificultad para respirar
En tales situaciones, se debe sin demora consultar a un médico para detectar y tratar a tiempo causas graves, como infecciones, inflamaciones agudas o enfermedades cardiovasculares.
Dolor articular en los dedos: Qué hay detrás de la artrosis en la mano
El dolor en los dedos suele afectar a articulaciones concretas y, a menudo, se debe a procesos de desgaste prematuro. El cartílago articular puede envejecer más rápidamente en algunas personas que en otras,favorecido por factores genéticos o cambios hormonales, por ejemplo, durante la menopausia. Además, los procesos inflamatorios en el organismo, por ejemplo, como consecuencia de alergias, intolerancias o enfermedades autoinmunes, pueden influir tanto en la frecuencia como en la duración de las molestias. Básicamente, se distinguen tres formas de artrosis en los dedos:
- Artrosis de Heberden: Afecta a las articulaciones distales de los dedos
- Artrosis de Bouchard: Afecta a las articulaciones intermedias y se da sobre todo en personas mayores, principalmente en mujeres
- Rizartrosis: Afecta a la articulación en silla de montar del pulgar
Las articulaciones más afectadas son las terminales y las intermedias de los dedos. Cuando varias articulaciones de los dedos se ven afectadas al mismo tiempo, los especialistas hablan de poliartrosis digital. A medida que avanza la enfermedad, la capa protectora de cartílago de la articulación se va reduciendo progresivamente. Se producen finas grietas en la superficie del cartílago y las partículas de cartílago desgastadas pueden acumularse en la cavidad articular. Estas irritan la membrana sinovial y provocan reacciones inflamatorias dolorosas. En estadios avanzados, las superficies óseas rozan directamente entre sí, lo que intensifica considerablemente el dolor. Como reacción a la pérdida de cartílago, el cuerpo produce más tejido óseo. Esto da lugar a los engrosamientos nodulares típicos de la artrosis de los dedos, que se observan en la mayoría de los afectados.
La artrosis de los dedos se manifiesta con otros síntomas típicos. Además de la hinchazón de las articulaciones, se producen enrojecimiento y dolor, que se intensifican con el esfuerzo. Al mismo tiempo, la movilidad de los dedos disminuye progresivamente. Muchas personas afectadas refieren además molestias pronunciadas por las mañanas, en particular el típico dolor inicial al levantarse. A medida que la enfermedad avanza, puede producirse una pérdida notable de fuerza en la mano. Las actividades cotidianas, como agarrar u levantar objetos pesados, resultan cada vez más difíciles y suelen ir acompañadas de dolor. También llama la atención la distribución por sexos: las mujeres se ven afectadas con mucha más frecuencia que los hombres. Según las estimaciones, alrededor del 90 % de los pacientes son mujeres, y la enfermedad se presenta en ellas principalmente en la mediana edad.
La artrosis de los dedos es una causa frecuente de dolor articular en las manos y se debe al desgaste progresivo del cartílago articular. Entre otros factores, se ve favorecida por factores genéticos, cambios hormonales y procesos inflamatorios en el organismo. Las articulaciones más afectadas son las distales y las interfalángicas, así como la articulación en silla de montar del pulgar. Son típicos los dolores —sobre todo al realizar esfuerzos y por las mañanas—, las articulaciones hinchadas y enrojecidas, la movilidad limitada y los engrosamientos nodulares. Las mujeres, especialmente las de mediana edad, se ven afectadas con mucha más frecuencia que los hombres.
Diagnóstico del dolor articular: así proceden los médicos
Para determinar la causa de su dolor articular, la exploración suele comenzar con una entrevista detallada.
En ella se formulan, entre otras, las siguientes preguntas:
- ¿Desde cuándo tiene los síntomas?
- ¿En qué situaciones aparece el dolor?
¿Aparecen de forma repentina o gradual?
- ¿Se agrava el dolor al moverse, en reposo o por la noche?
- ¿Se conocen antecedentes familiares de enfermedades?
- Su profesión, actividades deportivas o aficiones también pueden proporcionar pistas importantes.
A continuación, se realiza una exploración física en la que se palpan las articulaciones afectadas y se comprueba su movilidad. De este modo, también se detectan posibles inflamaciones, enrojecimientos u otras anomalías.
Técnicas de imagen (radiografía, resonancia magnética, ecografía)
Tras la anamnesis y la exploración física, se puede establecer un diagnóstico provisional. Para confirmarlo o precisarlo, se suelen utilizar técnicas de imagen. Según la Gelenk-Klinik , una radiografía muestra, por ejemplo, alteraciones en las estructuras óseas, como un estrechamiento del espacio articular en la artrosis. La ecografía permite evaluar sobre todo los tejidos blandos, como ligamentos, tendones o bursas. Para obtener una visión especialmente detallada de la articulación, los médicos utilizan la resonancia magnética (RM) o la tomografía computarizada (TC), que representan las articulaciones con gran precisión mediante imágenes en corte.
Análisis de sangre y otras pruebas
Además, los análisis de sangre pueden proporcionar indicios importantes: muestran si hay inflamación, si se detectan factores reumatoides o si un nivel elevado de ácido úrico indica gota. En casos poco claros se recurre a otros procedimientos. En una punción articular el médico extrae líquido de la articulación para analizarlo en el laboratorio; al mismo tiempo, este método puede utilizarse con fines terapéuticos. Una artroscopia permite ver directamente el interior de la articulación mediante una pequeña cámara y tratar inmediatamente los daños menores.
Opciones de tratamiento para el dolor articular
El tratamiento del dolor articular depende fundamentalmente de su causa. Para aliviar los síntomas agudos se suelen utilizar analgésicos del grupo de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como el ibuprofeno o el diclofenaco. Estos pueden mejorar la calidad de vida a corto plazo, pero no abordan la causa real de la enfermedad. En casos seleccionados, también se utilizan inyecciones de anestésicos locales o cortisona directamente en la articulación afectada; sin embargo, esto debe hacerse con cautela y solo tras una cuidadosa evaluación. El tratamiento de la causa varía según el cuadro clínico:
- En el caso de enfermedades reumáticas inflamatorias como la artritis reumatoide, se utilizan medicamentos que regulan el sistema inmunitario.
- En la artrosis avanzada puede ser necesaria una intervención quirúrgica, como la implantación de una articulación artificial.
- La gota se trata con medicamentos que reducen los niveles de ácido úrico en sangre.
- Una inflamación articular bacteriana (artritis infecciosa) requiere, por lo general, un tratamiento rápido con antibióticos.
Enfoques terapéuticos alternativos
Como complemento a la terapia médica convencional, los métodos alternativos pueden contribuir al alivio. Algunas personas afectadas informan de efectos positivos gracias a métodos como acupuntura, acupresión, quiropráctica o osteopatía. Sin embargo, su eficacia está demostrada de forma desigual y no están exentos de riesgos. Por lo tanto, es recomendable consultar siempre a un médico.
Los medicamentos a base de plantas también desempeñan un papel en el tratamiento complementario. En la medicina natural se utilizan tradicionalmente, entre otros, hojas de grosella negra, hojas de fresno, corteza de sauce y ortiga para tratar molestias articulares leves. Se pueden utilizar, por ejemplo, en forma de infusión, cataplasma o pomada. Además, existen preparados estandarizados en forma de gotas, cápsulas o comprimidos.
Qué pueden hacer los propios afectados
Además del tratamiento médico, las personas afectadas pueden contribuir activamente al alivio de sus molestias y tomar medidas preventivas:
- Reducir el peso: El sobrepeso supone una carga adicional para las articulaciones y acelera los procesos de desgaste.
- Ejercicio físico regular: Los deportes de resistencia que no dañan las articulaciones, como la natación o el ciclismo, fortalecen la musculatura y el cartílago.
- Entrenamiento de fuerza: Un fortalecimiento específico de la musculatura estabiliza las articulaciones y previene las cargas incorrectas.
- Descanso suficiente: Las pausas regulares durante la práctica deportiva evitan la sobrecarga.
- Evitar cargas desequilibradas: Deben evitarse los patrones de movimiento desfavorables, como llevar bolsas pesadas siempre en un solo lado.
- Reducir el estrés: El estrés psicológico también puede manifestarse físicamente y agravar las molestias. Las técnicas de relajación, como la meditación o el entrenamiento autógeno, pueden resultar útiles.
